RUBÉN GARCÍA MALVÁEZ
Una vez más, el clásico del fútbol mexicano entre América y Guadalajara derivó en un pobre espectáculo, en lo que no se puede calificar de otro modo como un auténtico robo para el aficionado.
Es difícil encontrar un aspecto del súper-clásico para destacar: las declaraciones previas al encuentro pasaron totalmente desapercibidas, los jugadores mostraron su falta de capacidad durante el partido, el cuerpo técnico de ambos equipos evidenció -nuevamente- su incompetencia y el arbitraje tomó varias decisiones equivocadas. Sólo la afición cumplió con su parte: llenar el estadio.
Un tempranero gol de Aquivaldo Mosqueda otorgó la ventaja al América. Pocos pudieron imaginar que la totalidad de las emociones del encuentro terminaron antes del minuto 4; contrariamente, muchos pudieron notar que los culpables de dicha desazón se encontraban caminando las dos áreas técnicas del Estadio Azteca.

Chucho y sus águilas
El América, que lentamente parece recuperar su poderío como local, brindó un primer tiempo de fútbol decente. Generó varias llegadas a la meta contraria obligando al guardameta visitante emplearse a fondo. Salvador Cabañas y Enrique Esqueda tuvieron amplia participación en la elaboración del juego e incluso terminaron por perderse al menos un par de claras oportunidades de gol – sin mencionar el flagrante penal que les dejaron de marcar.
Sin embargo, el entretiempo sirvió para que el pánico se apoderara de Jesús Ramírez. Entonces, el D.T. de América movió sus piezas para defender el único gol que había conseguido, retiró de la cancha elementos ofensivos -como Esqueda y Rosinei- regalando medio campo y renunciando al ataque.
Así de miserable la actitud del capitán del barco americanista, quien no entiende que un equipo de tal prestigio no puede ceder la iniciativa, menos aún cuando tiene al rival a su merced.
Arias no es pastor de este rebaño
Por su parte, Guadalajara jugó uno de los peores partidos que se le recuerden, dirigido por quien debe consagrarse como el peor técnico de la historia chiva: Rául Arias. El cuadro rojiblanco desplegó un fútbol sin idea, fue vulnerado un sinnúmero de ocasiones por aire, y de no haber sido por el portero Luis Michel habrían salido goleados del Azteca.
Claramente, la filosofía de Arias y la tradición del Guadalajara son agua y aceite.
Es inadmisible que las Chivas salten al terreno de juego con el temor de recibir un gol, y que cedan descaradamente el balón al rival aún estando abajo en el marcador.
Tal parece que Raúl Arias desconoce la importancia de la institución en la que se encuentra, y mucho peor, piensa que puede dirigir al Guadalajara con la misma displicencia con la que dirigió a San Luis y Necaxa. Es urgente que lo despierten, o que lo remuevan, de lo contrario tendremos que acostumbrarnos a ver un rebaño defensivo y gris como el que perdió 1-0 ante el América.
Oye oyee estoy totalmente d acuerdo en la pobreza de la iniciativa de Chucho ramirez y el notable conformismo que parece imprimirle al America cuando esta arriba en el marcador.
y obvio el pastor de ese rebaño es el America jajajajaj
como la playera d un aficionado, que cito aqui: “Todo rebaño tiene su pastor…”
Y hablar d las chivas me da pereza jaja, para eso esta chuy y su lalita.