Archivo para 26 enero 2010

Portero tico jugará en Europa… y los mexicanos?

RUBÉN GARCÍA MALVÁEZ

El joven guardamenta del Saprissa Esteban Alvarado consiguió firmar un contrato a cinco años con el conjunto campeón de Holanda: el AZ Alkmaar, donde tendrá la oportunidad de pelear el puesto con el argentino Sergio Romero.

Fichaje con el AZ

Alvarado salió a relucir durante el pasado Mundial Sub-20 de Egipto donde la selección de Costa Rica alcanzó, contra todo pronóstico, la instancia de semifinales habiendo dejado en el camino al anfitrión. El gran desempeño del número 1 tico le valió el reconocimiento como el mejor portero del certamen, de esta forma fue visto y después fichado por la escuadra holandesa.

Esteban Alvarado se posiciona como un hombre clave en el crecimiento del fútbol en Costa Rica, y pasa a la historia como el portero tico más joven en viajar al viejo continente. Así, a sus escasos 20 años, Alvarado cumplirá el objetivo que ningún guardameta mexicano jamás ha logrado: portar la casaca de un equipo europeo.

¿Y en México?

En las últimas dos décadas, una especie de “globalización futbolística” ha permitido a los mejores equipos tener a los mejores jugadores, sin importar su país de origen. Radica ahí la importancia de jugar en un equipo de Europa, ya que ello implica pertenecer a la élite del fútbol internacional.

Por muchos años, el marco mexicano se ha visto protegido por grandes nombres como Antonio Carbajal, Ignacio Calderón y Pablo Larios; sin embargo, a México se le ha negado la oportunidad de presumir un guardameta que forme parte de la mencionada élite del fútbol.

El mejor elemento que la selección ha tenido en la portería en los últimos 20 años es, sin lugar a dudas, Jorge Campos. Con un estilo único de cubrir los tres postes se aseguró de un lugar en el top-ten de la FIFA por varios años consecutivos. A pesar de ello, jamás recibió la atención de algún equipo de Europa, extinguiendo así la oportunidad de trascender internacionalmente.

Oswaldo Sánchez fue quien más cerca se encontró de emigrar al viejo continente, cuando en 2006 el Getafe de España hizo una oferta por el mexicano tras su actuación en el Mundial de Alemania. Las Chivas de Guadalajara se negaron a tratar con el club español argumentando que pedían muy poco dinero por un jugador de las características de Sánchez; fue entonces que el Getafe optó por contratar al argentino Roberto “el Pato” Abbondanzieri. El caso de Oswaldo fue clara evidencia de la sobrevaluación de los jugadores en México, donde el excesivo sueldo que perciben les impide crecer profesionalmente.

Por último se encuentra Guillermo Ochoa, que a sus 24 años mantiene la esperanza de jugar en Europa. Ochoa ha demostrado cualidades para pertenecer a algún cuadro europeo. No obstante, difícilmente el Club América aceptará una oferta por su portero estelar, por el hombre que ha salvado tanto partidos como cabezas de directivos.

Parece ser que con Ochoa se repetirá la situación donde los intereses de un equipo se sobreponen a las ilusiones de un jugador, así como a las ilusiones de un país ávido de crecer futbolísticamente, un país que tendrá que esperar otra generación de guardamentas que puedan mostrarse más allá de sus fronteras. Mientras tanto, México seguirá envidiando al fútbol tico y a su flamante portero Esteban Alvarado, ¡enhorabuena para el joven centroamericano!

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McGwire se confiesa víctima de los esteroides

RUBEN GARCÍA MALVÁEZ

Finalmente, el exbeisbolista Mark McGwire confesó el uso de sustancias prohibidas durante su estancia en los Athletics, costumbre que continuó a su llegada a St. Louis.

Su confesión era cuestión de tiempo. Hace cinco años, cuando José Canseco lanzó su libro Juiced -donde inculpaba a varios peloteros en el uso de esteroides- McGwire se limitó a decir que “no hablaría del pasado” y que mantendría una actitud “positiva al respecto”.

McGwire hizo un inteligente uso del lenguaje, el cual le evitó ser enjuiciado. Sin embargo, parecía ridículo que mantuviera su postura, cuando es notorio a simple vista que no sólo los usó, sino abusó de los esteroides para mantener su rendimiento en el plato. Aquellas declaraciones sólo prolongaron lo ineludible: la confesión.

Pero, ¿por qué espero Mark McGwire tanto tiempo para limpiar su conciencia? Primero: las acusaciones en su contra eran incesantes, tenía la imagen de un jugador fraudulento y de esa forma jamás entraría al Salón de la Fama de Cooperstown (asunto que sigue siendo una interrogante). Segundo: Tony La Russa -manager de los St. Louis Cardinals- le ha reservado un lugar en el equipo como coach de bateo, para lo cual le fue requerido limpiar su imagen, reconocer su error y seguir adelante para poder forjar una carrera como instructor.

Nuevamente, José Canseco ha probado veracidad en sus aseveraciones, perfilándose como una herramienta confiable en el desenmascaramiento de los beisbolistas esclavos de los esteroides. Recordando en este rubro a Roger Clemens, quién también cayó tal y como Canseco aseguró. (La esposa de Clemens, por cierto, puede entonces dormir tranquila).

Otro que no queda bien parado en esta situación es Tony La Russa, quien se encargó de defender a capa y espada a McGwire durante años. El veterano manager de los Cardinals aseguró que Mark nunca usó esteroides mientras militó en su equipo. Una de dos: o La Russa es un viejo ingenuo, o La Russa es un viejo alcahuete.

Mientras tanto, aquel récord de 70 homeruns en una temporada quedará manchado con el asterisco que la MLB se encargará de colocar en aquellas marcas conseguidas de forma ilícita, asterisco que trístemente tendrán que cargar en la eternidad nombres como Sammy Sosa, Alex Rodríguez, Manny Ramírez, y próximamente… Barry Bonds.


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