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Monterrey campeón Apertura 2009

Los Rayados de Monterrey son los campeones del torneo Apertura 2009 de México, tras derrotar en la final a Cruz Azul, consiguiendo el tercer título en su historia.

Monterrey finalizó la temporada regular como 3ro. en el Grupo 2 con 30 puntos, 9 partidos ganados y 27 goles a favor, de los cuales 14 fueron anotados en conjunto por Aldo de Nigris y Humberto Suazo por igual.

Con grandes expectativas los dirigidos por Víctor Manuel Vucetich arribaron a la Liguilla, motivados especialmente por el fallecimiento de Antonio de Nigris, jugador nacido en dicha institución y hermano del artillero Aldo de Nigris, quien admirablemente se brindó en todo momento de la postemporada.

América, Toluca y Cruz Azul fueron las escuadras que dejaron en el camino, históricos equipos del balompié nacional -juntos acumulan 27 títulos- a los cuales Monterrey hizo frente de forma valiente, imponiendo su fútbol en el Estadio Tecnológico y jugando inteligentemente de visitante.

Final, ida. Estadio Tecnológico. Monterrey 4 : 3 Cruz Azul

En encuentro plagado de errores por ambos equipos, pero jugado con gran intensidad, los Rayados ganaron el tercer juego como locales en Liguilla y se acercaban entonces al anhelado campeonato.

Con tan sólo 3 minutos en el cronómetro, el Monterrey ya tenía ventaja cuando Emmanuel Villa anotó en propia portería tras un cerrado tiro de esquina. Sin embargo, la Máquina mostró un asombroso poder de reacción y pocos minutos después Christian Riveros también en saque de esquina igualaba los cartones.

Cruz Azul se adueñó de la pelota y al 17′ nuevamente Christian Riveros remataba en jugada a balón parado, con la colaboración del guardamenta Jonathan Orozco que tuvo un partido para el olvido. Aún estando abajo en el marcador, Monterrey no logró despojarle la posesión al cuadro visitante.

Antes del entretiempo, los cementeros incrementaron la ventaja cuando Emmanuel Villa anotó tras gran jugada de Gerardo Torrado. Villa se convirtió en el primer jugador en el fútbol mexicano en convertir gol y autogol en el mismo juego de final.

Para la segunda mitad, los Rayados se volcaron al frente y cuando habían transcurrido escasos segundos del complemento, Humberto “el Chupete” Suazo depositó el balón en el fondo dando inicio a la hecatombe de la escuadra azul.

La Máquina continuaba apresada en su mitad de campo, y al minuto 70 llegó el empate cuando Sergio Santana remató débilmente ante la mala salida de Jesús Corona. El martirio no terminó para el Cruz Azul, al 88‘ otro costoso error de Corona le regaló la posibilidad a Suazo de anotar, situación que el cañonero chileno no desaprovechó para poner el marcador en su favor con miras al juego de vuelta.

Final, vuelta. Estadio Azul. Cruz Azul 1 : 2 Monterrey

Gran ambiente se vivió en la Ciudad de los Deportes, donde la afición cementera confiaba que su equipo daría fin a la sequía de 12 años sin título.

El partido comenzó como se esperaba, Monterrey mantuvo un orden táctico en defensiva, mientras Cruz Azul tocaba el balón motivado por la gente que desde las gradas también hacía su partido.

El tiempo transcurría y el Cruz Azul no podía vulnerar el marco rival, tras impactar dos balones en los postes la desesperación se hacía presa lentamente de los jugadores. Llego el segundo tiempo y para sorpresa de los presentes, Aldo de Nigris aprovechó las desatenciones defensivas para rematar con la cabeza y anotar el primero del encuentro.

Enrique Meza realizó ajustes tácticos para revertir la situación, y fue precisamente uno de sus cambios -Alejandro Castro- quien igualó el partido haciendo vibrar el Estadio Azul. La Máquina insistió pero el tiempo transcurría; en el último minuto un contragolpe de Monterrey finiquitado por Suazo enterró las aspiraciones de Cruz Azul.

“La Pandilla” se alzó con el título por segunda vez en la década y tercera en su historia. Por su parte Cruz Azul acumuló su cuarta final perdida de forma consecutiva en Liga, y sexta en todos los torneos oficiales desde la última vez que alzó un trofeo en 1997.

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Un clásico aburrimiento

RUBÉN GARCÍA MALVÁEZ

Una vez más, el clásico del fútbol mexicano entre América y Guadalajara derivó en un pobre espectáculo, en lo que no se puede calificar de otro modo como un auténtico robo para el aficionado.

Es difícil encontrar un aspecto del súper-clásico para destacar: las declaraciones previas al encuentro pasaron totalmente desapercibidas, los jugadores mostraron su falta de capacidad durante el partido, el cuerpo técnico de ambos equipos evidenció -nuevamente- su incompetencia y el arbitraje tomó varias decisiones equivocadas. Sólo la afición cumplió con su parte: llenar el estadio.

Un tempranero gol de Aquivaldo Mosqueda otorgó la ventaja al América. Pocos pudieron imaginar que la totalidad de las emociones del encuentro terminaron antes del minuto 4; contrariamente, muchos pudieron notar que los culpables de dicha desazón se encontraban caminando las dos áreas técnicas del Estadio Azteca.

Esqueda y Solís luchan por el balón

Chucho y sus águilas

El América, que lentamente parece recuperar su poderío como local, brindó un primer tiempo de fútbol decente. Generó varias llegadas a la meta contraria obligando al guardameta visitante emplearse a fondo. Salvador Cabañas y Enrique Esqueda tuvieron amplia participación en la elaboración del juego e incluso terminaron por perderse al menos un par de claras oportunidades de gol – sin mencionar el flagrante penal que les dejaron de marcar.

Mosqueda celebra la única anotación del encuentroSin embargo, el entretiempo sirvió para que el pánico se apoderara de Jesús Ramírez. Entonces, el D.T. de América movió sus piezas para defender el único gol que había conseguido, retiró de la cancha elementos ofensivos -como Esqueda y Rosinei- regalando medio campo y renunciando al ataque.

Así de miserable la actitud del capitán del barco americanista, quien no entiende que un equipo de tal prestigio no puede ceder la iniciativa, menos aún cuando tiene al rival a su merced.

Arias no es pastor de este rebaño

Por su parte, Guadalajara jugó uno de los peores partidos que se le recuerden, dirigido por quien debe consagrarse como el peor técnico de la historia chiva: Rául Arias. El cuadro rojiblanco desplegó un fútbol sin idea, fue vulnerado un sinnúmero de ocasiones por aire, y de no haber sido por el portero Luis Michel habrían salido goleados del Azteca.

Raúl Arias dialoga con Omar BravoClaramente, la filosofía de Arias y la tradición del Guadalajara son agua y aceite.

Es inadmisible que las Chivas salten al terreno de juego con el temor de recibir un gol, y que cedan descaradamente el balón al rival aún estando abajo en el marcador.

Tal parece que Raúl Arias desconoce la importancia de la institución en la que se encuentra, y mucho peor, piensa que puede dirigir al Guadalajara con la misma displicencia con la que dirigió a San Luis y Necaxa. Es urgente que lo despierten, o que lo remuevan, de lo contrario tendremos que acostumbrarnos a ver un rebaño defensivo y gris como el que perdió 10 ante el América.

Impone Chivas su fútbol en el Clásico

Una edición más del superclásico mexicano entre el Guadalajara y el América se llevó a cabo en el Estadio Jalisco este domingo 19 de abril. Un gol fue suficiente para la alegría de la afición Chiva, obra de Sergio Amaury Ponce a los 67 minutos de juego.

Clásico

En juego altamente disputado en media cancha, ambos equipos se aproximaron al marco rival con más entusiasmo que creatividad, donde ambos porteros tuvieron una gran tarde. Y no podía ser de otra forma mas que por un grave descuido de la defensa americanista – usual en los últimos meses – como el equipo rojiblanco marcó el gol de la diferencia.

Curiosamente, ambos entrenadores dirigían su primer clásico, tanto Jesús Ramírez por parte del América, como Francisco Ramírez quien debutaba en el banco tapatío.

Por parte de las Águilas, el delantero guaraní Salvador Cabañas no vió acción después de sufrir una lesión la semana anterior frente a Indios; y fue precisamente claridad lo que le faltó al cuadro americanista ante la portería de un inspirado Luis Ernesto Michel, a pesar de los intentos de Enrique Esqueda y Robert de Pinho al frente.


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